Varietales manchegos a ciegas

Fieles a la llamada de Graci y Juan, nos presentamos puntuales  a la cata de vinos elaborados en Castilla La Mancha, con diferentes variedades de uva. Esta vez la sorpresa tenía forma de papel de aluminio, que a modo de abrigo ocultaba la identidad de las botellas, dejando intuir su forma pero velando su identidad.

Cuatro impolutas  copas por participaSAM_0087nte, colocadas casi con precisión milimétrica sobre la mesa, acompañadas por botellas de agua y regañas, son las armas elegidas para el duelo entre nosotros y los cuatro caballeros de armadura de papel de aluminio. Esta descripción tan épica busca trasmitir la sensación de reto lanzado por Graci a los presentes, con la motivación de un premio final a la persona con mayor número de aciertos. Las pistas que nos aportaron, en palabras textuales, fueron: Tenemos un Cencibel del 2004 con 12 meses en barrica, un Cabernet Sauvignon del 2006 con 12 meses en barrica, un Cabernet Franc del 2009 con 8 meses en barrica y un Sirah 2009 con 15 meses en barrica. Y a partir de aquí comienza la cata.

En el primer vino, al servirlo, se caen un par de gotas sobre el mantel, y se puede ver como se quedan unas manchas moradas impresas sobre la superficie blanca, esto nos daba una pista bastante importante, la evolución no estaba muy avanzada. Efectivamente, un ribete amoratado, una capa media alta y una aromática media muy cargada de fruta roja, lácteos y algunos recuerdo florales, nos permitía adivinar que se trataba de uno de los más jóvenes, aun así, era sorprendente la primera sensación de juventud para un 2009, sobre todo cuando en boca mantenía una leve sensación herbácea, propia de vinos que no han equilibrado todavía y se muestran un poco salvajes, a esta última apreciación se llegaba después de una búsqueda bastante profunda, pues era un matiz muy rebuscado, debido a que su redondez general era alta y evidente.

El segundo vino mostraba una evolución media alta, a juzgar por sus tonos marrones. En nariz desprendía aromas terciarios, torrefactos con algo de lácteos, pero con una intensidad baja y fondo de fruta, para mí, casi inapreciable. Pasados unos minutos abre algunos aromas de miel mil flores pero sin expresarse contundentemente. En boca encontramos una intensidad media-baja, no localizamos desequilibrios pero tampoco persistencia.

El tercer vino se muestra con una evolución media y una capa media alta. En nariz recuerda instantáneamente a las almazaras de aceite, daba la sensación de estar junto a un molino de aceituna. Con una intensidad aromática media alta, pasados unos minutos nos muestra frutas negras, compotas, tostados, guindas en licor y especias. En boca es equilibrado y persistente. Es un vino complejo, que merece la dedicación de una comida a su altura, guisos de carne o estofados de larga elaboración y fuego lento.

Finalmente el cuarto vino se presenta con una evolución media y capa media alta. En nariz no tiene una intensidad explosiva, pero es limpio y con agradables frutas rojas, lácteos, vainilla y balsámicos. En boca es equilibrado, con buena intensidad y un poco astringente, con la sensación rasposa de la madera, quizás pendiente de suavizarse un poco más en botella.

Una vez analizados todos los vinos llegaba el momento de la apuesta, en mi caso tenía dudas entre los dos más jóvenes, debido a que el primero había abierto marcados aromas torrefactos propios de la crianza, por tanto podía apostar por el sirah de 15 meses en barrica, pero tanto la nariz como la sensación en boca me decían que este vino era el último. El segundo y tercero los tenía claros, un vino muy evolucionado que en la lejanía desprendía aromas de miel, era claramente el cencibel y sobre todo, un vino con aceituna, era y siempre será un cabernet sauvignon. Graci anota nuestras apuestas y con gran expectación empieza a descubrir las botellas. En ese momento las etiquetas comienzan a repartir pescozones de humildad para todos, y nos enseña una vez más que cada vino, cada botella, cada momento es único e irrepetible, y que es mejor beberlo y compartirlo que apostar por él. El primero era el cabernet franc, el segundo el cabernet sauvignon, el tercero el cencibel y el último el sirah.

La cata ciega te quita condicionamientos geográficos y/o culturales y te obliga a concentrarte más, es un magnifico ejercicio para hacer un análisis más profundo. La abundante cena posterior continúo con la filosofía de ponernos “ciegos” de comer y beber, además de compartir charla con el resto de comensales. Considero que hay que agradecer a Juan y Graci la organización de estas actividades que fomentan la cultura del vino y la gastronomía. Aspectos muy propios de nuestra cultura que a veces abandonamos y no valoramos como uno de nuestros mayores recursos.

Anuncios

Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
Esta entrada fue publicada en Catas. Guarda el enlace permanente.

Agradecemos mucho vuestros comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s