La Provenza se ve de color rosado

Sobran los motivos para escaparse a Francia, sobretodo cuando un amigo lleva allí residiendo un mes, en busca de perfeccionar su galo y la zona es para nosotros una desconocida, enológicamente hablando.

Sobre doce horas de coche provocan entumecimiento de piernas, cansancio mental y una rigidez lumbar que tardar un buen rato en desaparecer. El acceso al hotel desde la autorute es cómodo y con el navegador las indicaciones son precisas, por fin llegamos al Escale Oceanía Aix en Provence. El hotel es funcional, limpio, habitación pequeña pero bien distribuida y con cama amplia y cómoda, tiene aparcamiento gratuito y está un poco retirado del centro, pero fue de las pocas alternativas que nos quedaban cuando programamos el viaje y creo que fue un acierto.

El primer paseo por Aix fue de reconocimiento y búsqueda de algún sitio para cenar, conocemos los horarios franceses e intentar sentarte a cenar después de las diez de la noche es un juego muy arriesgado. Tuvimos suerte y encontramos un bistro que servia comidas hasta las doce de la noche, la Belle Epoque, esto es una verdadera excepción en Francia, y tuvimos la suerte de encontrarnos con ella. El restaurante no es ningún templo de la gastronomía, pero no cenamos mal, a un precio no excesivamente caro.SAM_0005

Al día siguiente, con la luz del sol y descansados iniciamos la expedición nuevamente a la ciudad. El casco antiguo de Aix me recuerda un poco a Beaune, en Borgoña, no tanto por la arquitectura, más bien por lo colocado y perfecto que está todo. Son ciudades que parecen decorados de cine, a veces me acerco a una fachada y miro por si es de cartón piedra. Como dice mi amigo Fernando: Si te paras a escuchar atentamente, algunas veces suena una voz en off que grita “¡acción!”, y alguien desde su silla de director observa toda la escena. Las fachadas no tienen pintadas, los maceteros tienen flores y las aceras no tienen papeles en el suelo, un autentico escenario, que tres días a la semana se engalana con un mercadillo que ocupa calles y plazas. Este rastro, aparte de los puestos de textiles tiene una parte muy importante de productos gastronómicos, y ese es el que nos interesa. La Provenza es conocida por sus especias, y el primer puesto que nos sorprende es uno con un largo tablero lleno de cestas con especias. El colorido y los aromas son increíbles, desde los clásicos romero y tomillo, a numerosos tipos de sal o curry de varias procedencias. Y si variedad tiene el puesto de especias, los que se dedican a embutidos y queso no son menos espectaculares. Ya conocíamos la pasión de los franceses por el queso, reflejada en el amplio abanico de tipos, pero encontrarnos esta variedad en embutidos nos sorprendió gratamente. Aparte del clásico salchichón a la pimienta, pudimos catar con setas e incluso con lavanda. Este último nos producía una extraña sensación, ya que tenía pinta de salchichón, en la boca sabía a salchichón, pero la nariz se inundaba de aroma a lavanda como si estuviésemos comiendo jabón. En definitiva, un paseo por el mercadillo de Aix se convirtió en una experiencia para nuestros sentidos y en un agradable recuerdo.

Nuestros hábitos turísticos se basan en conocer la arquitectura, geografía y características culturales de la zona, durante un periodo de tiempo justito, y a partir de ahí, comernos y bebernos todo lo típico. Esta vez nos acompañaban como anfitriones, nuestro compañero y amigo Pachorro, y su hermano Fernando, que lleva residiendo en la zona más de cuatro años. Este hecho nos aseguraba momentos muy divertidos y memorables, aparte del lujo de contar con ellos como anfitriones.

Hablar del vino en la Provenza es básicamente hablar de rosados, aunque nos encontramos algún blanco de viognier, muy recomendable, prácticamente, tanto las bodegas como los restaurantes nos ofrecían como vino característico de la zona, el rosado. Curiosamente, sus tonos más comunes son los pieles de cebolla, muy alejados de los tonos rosa intenso, con reflejos violáceos que consideramos aquí como propios de los rosados. En algunos casos tenían tonalidades casi grises. En condiciones de desconocimiento, aquí hubiésemos desestimado incluso abrir una botella con esa pinta. Lo interesante es que tanto en nariz como en boca son muy frescos y agradables. En próximas entradas del blog iremos analizando algunas de las muestras que nos trajimos y espero que nos revelen la tipicidad de la zona.SAM_0010

En cuanto a la gastronomía nos encontramos una oferta menos elaborada y compleja de lo que generalmente me espero de Francia. Siempre que hemos viajado al país vecino me sorprendía que en el bar más normal de cualquier pueblo no se limitaban a ofrecerte un filete a la plancha, en casi todos se esmeraban en la elaboración y era un fácil que te sorprendieran con una ternera a la bourguignon o un confit de pato. En esta zona, nos hemos encontrado con muchas pizzerías y mucho bistró de platos combinados. Imaginamos que la combinación turística de la costa azul y ciudad de estudiantes da como resultado este perfil gastronómico. Auque como en todo existen sus excepciones que desvelaremos en próximos artículos.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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