Objetivo beber vino sin tonterías

Copa llenándose con dos botellasCon el nuevo año inauguramos una nueva categoría en el blog, buscando lograr un objetivo casi utópico desde nuestra humilde posición, pero ilusionante con el sólo hecho de avanzar hacia su logro. Preocupados por la situación actual del bajo consumo moderado, siempre moderado, de vino que tenemos en nuestro país, queremos iniciar una serie de artículos que animen al cambio de esta tendencia. Conscientes de que este problema no tiene una solución única, y reacios a dar fórmulas oraculares, buscamos en primer lugar, desmitificar tópicos y aportar información comprensible. La imagen esnobista que han ido adquiriendo los bebedores de vino, el maltrato del producto en distribución y hostelería, el desconocimiento que generan los tópicos, el miedo a emborracharse más que con el consumo de cerveza, el precio, la escasa publicidad y otros muchos factores, han dado como resultado que nuestro consumo por habitante caiga a valores inferiores a 20 litros, esta cifra es ridícula teniendo en cuenta que somos uno de los países de mayor producción y tradición vinícola del mundo. Comparados con nuestros vecinos franceses, en 2013 conseguimos superarles en producción, pero no llegamos ni a la mitad de su consumo. Lo mismo nos pasa con italianos, alemanes, ingleses, etc.

Tendencia consumo de vino.

Tendencia consumo de vino.
Fuente: Organización Internacional del Vino y la Vid

La serie de artículos asociados a esta categoría buscan explicar que no es necesario gastar demasiado dinero para beber un buen vino, que solo es necesario un par de consejos básicos para disfrutar de una copa en buenas condiciones y que realmente el vino es un alimento placentero de consumir cuando este se hace con moderación.

Resido en Castilla-La Mancha, en una cuidad de la provincia de Ciudad Real, donde se encuentra una de las mayores superficies de viñedo del mundo, pues bien, nuestra cultura enológica a nivel popular dista mucho de ser mínimamente destacable, aunque reconozco que poco a poco algunas cosas están cambiando. Supongamos que conseguimos animar a uno de mis paisanos a beber una copa de vino a la hora del aperitivo, entra en el bar del barrio, un agosto a eso de las dos de la tarde, evidentemente como es muy varonil y gran conocedor del vino, pide un tinto a temperatura ambiente, porque como todos sabemos el vino tinto se bebe a temperatura ambiente. El camarero abrió una botella de vino que tenía en el almacén a “temperatura ambiente” hace tres días, la dejó sobre la barra a “temperatura ambiente” con el corcho un poco metido y se dispone a servirlo amablemente en una de esas copas con pared de cristal antibalas. El vino seguramente se lo suministre el mismo distribuidor que le suministra la cerveza, sabe que en su etiqueta pone algo de “Señorío”. Posiblemente lo más importante para él es que cuesta dos euros la botella, más que la acidez que mantiene. La descripción del instante antes del primer sorbo es: vino con más de 12% de alcohol, un poco corto de acidez y otros desequilibrios por mala conservación y por supuesto a “temperatura ambiente”. Este concepto en Ciudad Real en agosto son próximos a 40 grados centígrados en la calle, y unos pocos menos en la botella. Según nuestro paisano da el primer trago, una lengua de lava fundida recorre su gaznate, la boca se torna en un pliego de lija del número 3 y un gusto amargo le retorna junto a gases calientes expulsados por su esófago. Nunca lo admitirá en público, pero mirará el grifo de las cañas fresquitas, casi con ojos vidriosos pensado en lo rica y refrescante que estaría en ese momento una cervecita con su espuma y la escarcha bajando por el vaso. Me he tomado la licencia de exagerar el sarcasmo en este ejemplo, evidentemente, ni todos los bares sirven así el vino, ni todos los distribuidores y hosteleros maltratan el producto, ni todos los vinos con etiqueta “Señorío” son malos, ni todos los clientes se comportan como mi paisano, pero admitámoslo, situaciones así hacen que el vino sea una bebida desagradable a la hora de consumirla. Nuestro objetivo es poner nuestro granito de arena para que esto cambie.

Esta nueva categoría me gustaría que fuese muy activa a la hora de comentarios y participación de todos los que componemos la familia enófila, también de aquellos que no les gusta el vino por diversas razones, estaríamos muy agradecidos si compartís estos motivos con todos, para ofrecer posibles alternativas si las hay. En definitiva, de lo que se trata es de “beber vino sin tonterías”.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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2 respuestas a Objetivo beber vino sin tonterías

  1. VyT dijo:

    Triste pero muy cierto.

    Me gusta

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