Víctor Gutiérrez. Otro templo para visitar en Salamanca

Conocimos a Víctor Gutiérrez en Madrid Fusión, en el stand de Perú, la humildad propia de la genialidad fue nuestra primera impresión. Explicaba sus creaciones con sencillez, pero sus manos colocaban sobre el plato propuestas equilibradas, muy estudiadas y con una presentación elegante. Cuando las probábamos nos parecían sabrosas y sorprendentes. Hablaba de que el concepto de fusión era tan simple como hacer una tortilla de patatas, pues era el ejemplo patente de la mezcla de culturas americana y europea. Su cocina es una simbiosis entre la exótica peruana y la tradicional castellana, en definitiva, tras conocerle y probar sus platos, decidimos que Salamanca bien merecía una nueva visita.

ADN peruano. Marisco marinado, ají amarillo y maíz cancha

ADN peruano. Marisco marinado, ají amarillo y maíz cancha

El nuevo restaurante está junto al Palacio de Congresos, es amplio, luminoso y con una decoración con colores claros y líneas sencillas. La atención es muy agradable, ofrecen dos menús degustación con cerca de 15 platos y tienen una amplia carta de vinos, en nuestro caso buscamos un vino blanco con suficiente complejidad para soportar todo el menú y, a ser posible, no elaborado muy lejos. Su propuesta fue Viñas del Cámbrico Blanco, un vino elaborado con la variedad Rufete Blanca y con 6 meses de crianza en barrica. Es un vino complejo, glicérico, con presencia de fruta madura y anisados, buena acidez y estructura, en general muy apropiado para una comida con gran variedad de platos. Además cumplieron fielmente nuestra demanda, pues este  vino pertenece a la DOP Sierra de Salamanca.

La degustación de las diferentes propuestas no nos defraudó en absoluto, una de las curiosidades que nos llamó la atención, es el uso de cubiertos de silicona, con una doble intención, poder rebañar los platos sin necesidad de usar pan, y evitar las miradas del resto de comensales por el ruido tintineante de las cucharas de metal. Podemos asegurar que en ausencia de cubiertos, algunas salsas las hubiéramos lamido directamente del plato, sin importarnos en absoluto las normas protocolarias de la mesa.

La secuencia de platos incluidos en el menú nos adentró en un paraíso de sabores y texturas, donde aparecían ajís, arroz arbóreo, cochinillo ibérico, té matcha, calamar, gambas, anticucho y de postre cebiche, si, un cebiche dulce y ácido. La sensación global de la comida fue excelente, la atención del servicio excepcional, lo único que nos entristeció fue no poder saludar a Víctor, pues se encontraba de viaje, pero esta circunstancia nos anima a volver otra vez y compartir con él nuestra admiración.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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