Aráis. Cocina moderna con raíces de la costa de Granada

Empezaba agosto y tomamos la decisión de visitar la playa, hecho que es bastante sorprendente en nosotros, pues el turismo de toalla y tueste al sol, dista mucho de lo que nosotros entendemos como pasar unas buenas vacaciones. No es que no nos guste el mar, nos encanta la belleza de su inmensidad, la luz y sobretodo su sabor, por eso, huimos de temporadas altas y bufets de rancho, y buscamos meses tranquilos y cocinas marineras. Pero este año disponíamos de tres días y decidimos descansar en algún pueblo costero, sin otra pretensión que dormirnos con la nana de las olas y levantarnos tarde.

Salobreña fue el lugar de destino seleccionado y el Hostal Palomares nuestro hospedaje. En un futuro artículo, hablaremos de este recomendable lugar, asociado al mundo del vino, pues aunque no buscamos nada relacionado con este, al final nuestro querido elixir nos volvió a encontrar a nosotros.

Paseando por el barrio más llano de Salobreña, nos encontramos con el restaurante Aráis y nuestro gastro-radar se activó en modo: ¿Y este sitio? ¡Qué buena pinta tiene!, y la siguiente frase fue: “Tenemos que venir a cenar”. Dicho y hecho, a la noche siguiente, allí estábamos.

El local tiene varias zonas, bar, terraza y comedor. Su decoración es moderna y la bodega acristalada muestra los vinos de que disponen. Estéticamente la disposición al público de la bodega es atractiva, aunque la exposición a la luz no es la mejor forma de conservación, aunque esté climatizada. La cocina también está visible, esto personalmente siempre me ha gustado, debido a mi pasión, tanto por cocinar, como por ver hacerlo.

Pedimos que nos recomendasen un vino blanco de la tierra, con suficiente estructura como para equilibrar con la variedad de platos de la carta. Nos propusieron Calvente, elaborado con Moscatel de Alejandría dentro de la D.O.P. Vinos de Granada. En líneas generales muy aromático y con estructura, se caracteriza por la crianza en sus propias lías.

Aceites para degustar

Aceites para degustar

Para empezar nos llevaron varios aceite y pan, explicándote con que aceituna estaba elaborado cada uno, este detalle, aparte de agradable, es importante destacarlo, cuando al servirte la ensalada, te preguntan por el que prefieres. El aperitivo fue un gazpacho con mejillón en escabeche, mahonesa de ajo negro y algas, acompañado con un sifón de sangría. Era fresco y sabroso, un buen comienzo. La ensalada de bogavante, mojama y chumbo jugaba con el contraste dulce y salado de forma equilibrada y sabrosa. De platos principales elegimos pescados, cuyos nombres no éramos capaces de reconocer, debido a nuestra ignorancia en nombres y peces de la zona, un detalle a destacar es que los servían limpios de espinas. Nos gustó la gallineta con migas y algas. De postre nos sorprendieron con un mortero de moras, naranja, menta y Peta Zetas.

Finalmente nos ofrecieron un ron, El Mondero, que añejaba el chef Francisco Izquierdo, con quien pudimos hablar, y nos explicó que la elaboración de ese licor era un capricho personal del que estaba muy satisfecho, por los premios que había recibido, aprovechamos entonces para felicitarle por la calidad de su restaurante.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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