Chato Grato. Espíritu emparrao en el corazón de Valdepeñas

Hay muchas maneras de entender el vino y la gastronomía en general, desde la competitiva mediática, hasta la que no va más allá del aporte nutricional de los alimentos. Desde nuestro blog intentamos divulgar un concepto casi hedonista de sentarse a la mesa, tanto en el placer de degustar, como en la agradable sensación de estar acompañado y disfrutar de embriagadoras conversaciones. En ocasiones, en este continuo cruce de experiencias con personas que hablan nuestro lenguaje, nos encontramos en momentos y situaciones donde confluyen todos los factores que nos llevan a exclamar: – ¡Que a gusto estoy! – Es en ese preciso instante cuando decimos que estamos en un momento emparrao, o a partir de este verano, también podremos llamarlo instante Chato Grato, pues el descubrimiento de este local en Valdepeñas nos lleva a incluirlo en nuestra red de templos de la esquina.

Chato Grato

Chato Grato

En una calle tranquila de Valdepeñas, un portón grande, algunas cepas de decoración, dos zonas, una interior y un patio para el verano, el ambiente informal y acogedor, muy en nuestra filosofía de “beber vino sin tonterías”. Su carta de vino no es muy extensa, pero muy bien seleccionada, con la idea de hacerla dinámica, de no quedarse anclado en marcas, ni prisionero de las mismas bodegas, potenciando las propuestas de la tierra, pero no dando la espalda a otras alternativas. La oferta para picar algo no es muy amplia pero sí selecta, con una destacada pasión por el atún rojo, hecho que compartimos y que dejamos patente degustando su tataki.

El patio de Chato Grato

El patio de Chato Grato

Se puede tomar vino por copas o botellas, su servicio es a temperatura correcta y, en nuestro caso, José Carlos lo acompañó con comentarios sobre su origen, propuestas de maridaje y algunas otras perversiones, de estas que a los amantes del vino nos encanta compartir.

Carta del Chato Grato

Carta del Chato Grato

El proyecto que José Carlos y Ana han iniciado, con una oferta de catas comentadas, actividades culturales y un lugar para crear momentos especiales, es algo que desde el corazón de la tierra del mar de cepas se debe destacar y poner en valor. Además, es un punto de encuentro para todo aquel que quiera disfrutar del vino, en nuestro caso tuvimos oportunidad de conocer a Gregorio López de Lerma, un nuevo enólogo que acaba de elaborar un par de vinos, Oretano y Orisson, con una excelente calidad y merecedores de no ser perdidos de vista.

Una conversación agradable con personas encantadoras, una copa de vino, la temperatura de una noche de verano con la bóveda de estrellas por techo y de fondo melodías de jazz y Toni Zenet. Quizás no sea algo así el paraíso, pero a nosotros nos pareció que había un escalón muy alto a la hora de irnos, menos mal que a pocos kilómetros, justo en medio del océano de pámpanas y sarmientos, siempre tendremos oportunidad de volver a tomarnos un Chato Grato.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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