Toro Albalá, una bodega, un túnel del tiempo, un paraíso para los sentidos

Un gatito se cruza entre nuestros pies y se escabulle entre las tinajas de cerámica, su misión, asegurarse que no hay intrusos. Nuestra guía, Pilar, saca el móvil y dice: “Esta foto tan chula para Instagram”, eso nos hace darnos cuenta que estamos en el siglo XXI, pues hasta hace un momento, todo lo que nos rodeaba nos empujaba a principios del siglo pasado, exactamente a 1922.

Visitar Toro Albalá es hacer una expedición a la historia de la enología, su sala de catas está alicatada con los extractos de Simón de Rojas Clemente, importante botánico español que catalogó los varietales de vid del mundo, además posee una de las mayores bibliotecas nacionales monográficas sobre enología, todo esto custodiado por un busto del Dios Baco, datado del siglo II d.C.

Extractos de varietales de vid de Simón de Rojas Clemente

Extractos de varietales de vid de Simón de Rojas Clemente

Muchas tareas se realizan manualmente, cada botella no es solo un número, dentro de un lote, es una cuidada pieza de artesanía, etiquetada con una lámina de madera que se coloca a mano y que contiene un elixir, que ha ido concentrando aromas y sabores durante años, y ahora ya está listo para acariciar nuestros sentidos.

Cada escalón que bajamos en dirección a la sala de botas nos acerca al pasado y nos sumerge en finos aromas de levaduras, pan tostado, frutos secos, pasas, pan de higos, cascara de naranja y otros muchos que nos van a hacer salivar.

Sala de botas de Bodega Toro Albalá

Sala de botas de Bodega Toro Albalá

Comenzamos catando un fino, saca de primavera, aromas de levadura, pan recién horneado y almendras, en boca sabroso, largo y voluminoso. El siguiente es un amontillado de añada 1970, un vino muy especial, pues es de añada, hecho no demasiado frecuente en este tipo de elaboraciones, que generalmente se asocia al nacimiento de un hijo u otro señalado evento. Los aromas son complejos, avellanas, tostados, cacao, cada vez que nos lo acercamos a la nariz, sale algo diferente, en boca es intenso, equilibrado y persistente.

Pilar Bujalance, directora de Marketing de Bodegas Toro Albalá

Pilar Bujalance, directora de Marketing de Bodegas Toro Albalá

Continuamos con los Pedro Ximenez, empezando por una bota añejada del 1955, su nariz es compleja, buena carga de fruta, pasas, dátiles, cascara de naranja, pan de higo, su boca es untuosa, sedosa, muy equilibrada. Finalizamos con una bota de 1937, en nariz muy complejo, con aromas de cacao, pasas, dátiles, algo más licoroso que el anterior, aunque en boca es equilibrado y muy persistente.

Nuestro deseo hubiese sido acampar en aquella nave, e ir descubriendo los encantos de cada bota, pero la única manera sería reencarnarnos en gatete o en araña, pues en este viaje hemos aprendido la importancia de las arañas en la bodega como protectoras ante la carcoma y otros insectos.

Por un problema de agenda no pudimos ver el museo arqueológico que tienen, hecho que no nos importó mucho, pues nos justifica la vuelta, más que nada, por poder apreciarla como humanos, antes de nuestra transformación en felinos.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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