Vallegarcía y Dehesa de Carrizal, mucho más que dos

Entre el Parque Nacional de Cabañeros y los Montes de Toledo, a una altitud de 900 metros, se encuentran dos bodegas de una singularidad excepcional, Vallegarcía y Dehesa de Carrizal. Visitamos ambas el mismo día y nos traemos para nuestro baúl de experiencias, la belleza del entorno, la labor esmerada de la viña, la elaboración cuidada, la atención a los detalles, sentir el concepto de Pago y unos aromas y sabores difíciles de olvidar.

Vallegarcía (Foto Lili Mao)

Vallegarcía (Foto Lili Mao)

Vallegarcía elabora cuatro vinos, todos ellos de excelente calidad. Su filosofía, según Adolfo Hornos, director técnico, es construir el Pago, a base de un trabajo minucioso, extrayendo lo mejor de cada variedad, aprovechando eficientemente las condiciones del entorno y elaborando con especial atención en los detalles. La bodega tiene una diseño moderno y optimizado para la elaboración y una higiene casi quirúrgica. El resultado, una viognier aromáticamente impresionante, con una boca plena y sabrosa. Su syrah es fruta golosa, tanto en nariz como en boca, y sus dos hipperias son una saga de hermanos brillantes, cuyo tándem  hace que el hermano mayor se eleve a los mayores estándares de calidad, aupado por un petit hipperia que puede darnos muchas satisfacciones a cualquier hora del día.

Dehesa de Carrizal (Foto Lili Mao)

Dehesa de Carrizal (Foto Lili Mao)

Dehesa de Carrizal es un referente desde hace varios años. Pierre-Yves Dessevre, su director, junto a Miguel Ángel Benito, su enólogo, nos mostraron cómo la búsqueda continua de la innovación, construye la tradición de calidad. Cómo la elaboración de variedades como chardonnay o cabernet sauvignon, puede dar vinos brillantes en pleno corazón peninsular. Su Chardonnay es aromáticamente complejo y sabroso en boca. Sus dos vinos multivarietales destacan por su plenitud y complejidad, su MV, muy premiado, es un vino con una expresión frutal excelente y pensado para el consumo en cualquier ocasión, su Selección Privada, es un vino de sillón y reflexión, pues su complejidad nos irá descubriendo nuevas sensaciones en cada sorbo. Sus monovarietales son un catálogo de referencias de lo que debe expresar cada uva. Cabernet sauvignon, petir verdot y syrah se muestran francas, acompañadas de una madera elegantemente ensamblada.

La experiencia de la visita a ambas bodegas y su entorno nos encantó, y como hay un refrán que habla de nacidos y agradecidos, creemos que es el momento de agradecer a Carlos Murillo, técnico de campo de la finca El Molinillo, la labor de gestión que realizó para la organización de las visitas. En esta finca se elabora uno de los mejores aceites cornicabra de España, y seguramente en breve, podamos disfrutar de excelentes vinos. También agradecemos a Miguel Ángel González,  director del máster de viticultura, enología y comercialización del vino de la UCLM, la organización del viaje.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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