Barbastro y el Somontano

Peñafiel se alejaba en la luneta del coche, la mañana de domingo que emprendíamos camino hacia Barbastro. Ignorando las recomendaciones del GPS buscamos carreteras que nos ahorraran kilómetros y la monotonía de la conducción por autovía. Nos seducía continuar pegados al Duero, como si buscáramos su nacimiento y atravesar pueblos y parajes que nos dejaran huella en la retina, no había prisa, estábamos de vacaciones. La ruta más directa se dibujaba cruzando la provincia de Soria, cantando por Gabinete Caligari, para llegar hasta Zaragoza, Huesca y finalmente Barbastro. El viaje nos iba descubriendo plácidamente paisajes realmente bellos, hasta que en la estación de servicio de Pedrola, próximos a Zaragoza, el señor gasolinero decidió ponerle a mi Honda Civic diesel, 22 litros de gasolina súper. A partir de aquí, el idílico viaje se convirtió en: “¡Asistencia en viaje, ¿cómo puedo ayudarle?!”, grúa al único taller que abre los domingos para estos casos, extracción y limpieza de depósito, y tres horas después y 300 euros de gastos que asumió la gasolinera por su error nos volvíamos a poner en camino hacia el Somontano.

Barbastro es una ciudad pegada al río Vero, que está situada a las faldas del Pirineo y que mira al sur a través del desierto de Los Monegros. Es una localidad con profundas raíces históricas que pueden leerse en sus edificios y en los restos de sus murallas de origen musulmán. Podríamos haber dedicado infinitas horas a profundizar en todos los cimientos históricos que nos ofrecía, si no fuera porque el principal interés que nos había hecho llegar hasta allí, era que en Barbastro se localizaba la sede de la denominación de origen Somontano. Las instalaciones de este Consejo Regulador son impresionantes desde el punto de vista de orientación al visitante. Sala audiovisual, tienda, información, folletos de bodegas, restaurantes, bares, horarios. Alguien que entre perdido en el centro de información, sale con la posibilidad de organizar su estancia con detalle.

Los días que teníamos por delante debíamos ocuparlos con visitas a bodegas que nos dieran una idea amplia de los vinos que allí se producían. Los más conocidos, al menos para mí, eran Enate y Pirineos, por tanto siempre buscábamos alternativas que no fuesen tan fáciles de conseguir en cualquier vinoteca. Bajo este criterio seleccionamos Lalanne, la bodega más antigua de Somontano, Viñas del Vero, una de las grandes y Osca. También nos asomamos a Pirineos, pero solo a comprar algún vino, y nos quedamos a las puertas de Enate por ir muy justos de tiempo.

Nuestra primera experiencia gastronómica fue El placer, un restaurante al que entramos por estar cerrado su vecino, La flor, que era nuestro objetivo inicial. La descripción más formal de este local sería, lugar con decoración moderna, cocina elaborada, atención amable y precio muy razonable. Una descripción más emocional del sitio la explicarían los platos que pudimos degustar, ensalada de brandada de bacalao, espagueti con cebolla caramelizada y calamares,  longaniza de Graus y pechuga de pollo con mi cuit de pato y jamón. Acompañado por un Montesierra rosado de Pirineos. La presentación de los platos, la atención del personal y la cordialidad con la que nos trataron  merece ser señalada en estas líneas.

Para complementar la visita a bodegas decidimos visitar uno de los pueblos que parecía con enorme encanto en el vídeo que nos mostraron en la D.O. La localidad elegida fue Alquézar, impresionante pueblo de la sierra de Guara con una arquitectura en piedra y coronado con una colegiata del siglo IX, cuya singular guía te la muestra entrañablemente, como si te estuviera enseñando las dependencias de su casa. Este bello pueblo, al estar construido en la montaña, tiene pronunciadas cuestas que subimos y bajamos, hasta que famélicos, nótese la ironía, decidimos parar a comer. La Cocineta es uno de los restaurantes de Alquézar, local muy orientado a recibir turistas, pero con una calidad que iba mucho más allá de los clásicos platos combinados. Acompañados por una completa ensalada de 15 ingredientes nos pedimos un cabrito de Alquézar al horno y cochinillo. Mi pierna de cabrito no era mayor que la superficie del plato, muestra de la ternura de la carne, sobra decir lo delicioso que estaba. Acompañamos esta suculenta comida con Señorío de Lazan 2005, un reserva multivarietal de la bodega Pirineos que fue abriéndose una vez decantado, mostrando gran carga de frutos negros, compota y toque de vainilla.

De la visita a las bodegas nos gustaría destacar a Viñas del Vero. En el artículo anterior comentábamos la impersonalidad de las visitas organizadas por las bodegas de un cierto tamaño. Son grandes, impresiona su historia, pueden ser divertidas, los vinos que ofrecen en la cata no suelen ser de los más destacables y consideran al visitante a una bodega como al que va a un parque de atracciones. Matizado todo esto, la excepción la encontramos en Viñas del Vero. Virginia fue la responsable de guiarnos por las instalaciones, primero por Blecua y después por la bodega principal. Con Blecua nos puso los dientes largos y nos justificó por qué una botella costaba más de 60 €, además nos mostró con detalle el proceso, parándonos en cada depósito y maquinaria, incluida la de embotellado. Al finalizar la visita nos sacó los vinos de cata, que no eran lo más bajo de gama, y pudimos catar Viñas del Vero Gewürztraminer 2011, Viñas del Vero Sirah 2009 y Gran Vos 2005. Además fue de las pocas bodegas que explican el proceso de cata y piden a sus visitantes que busquen aromáticas y sensaciones en boca, en vez de autoelogiar lo bueno que está su vino. Esta buena labor orientada al visitante hizo que la mayoría de los asistentes saliésemos siendo miembros del club de vinos Viñas del Vero.

Finalmente nos gustaría destacar otro bar-restaurante de la localidad que nos sorprendió gratamente, Trasiego vinos y tapas. Establecimiento de corte moderno, de los que ahora llaman gastrobares, con la filosofía de ofrecer al cliente la posibilidad de comer con tapas de calidad o de sentarse a comer si lo consideran oportuno. Uno de los grandes inconvenientes de estos sitios es el precio, a veces envueltos de modernidad te presentan facturas que dejan tu tarjeta de crédito deconstruida. En este caso los precios eran más que razonables, sobre todo juzgando la calidad de la cocina. Nuestra primera aproximación fue una noche para tomar alguna tapa y un vino. Te ofrecen vinos de la semana por copas, hecho que te facilita catar varias opciones y una carta de tapas, de donde elegimos la croqueta de hongos, quizás la croqueta más buena que jamás yo he probado, tenía una textura perfecta, la forma permitía adivinar que era casera por su irregularidad y el sabor era un equilibrio entre hongos y lácteos que hacia deshacerse el paladar. Nos atrevimos con el foie con cebolla caramelizada, un clásico y las anchoas con escalibada. El trato era cordial sin ser esnobista y la decoración atractiva y confortable. Con esta experiencia nos decidimos a reservar para la comida del día siguiente, donde pudimos degustar milhoja de berenjena con queso de cabra y tomate, arroz salteado con gambas, tartar de trucha con mostaza y wasabi y merluza con vizcaína de mejillones, todos los platos excelentemente presentados y muy buenos. El tartar de trucha fue un descubrimiento para mí y he de decir que estaba espectacular, para acompañarlo nos decidimos por un Viñas del Vero macabeo chardonay 2011, que estaba correcto, quizás no demasiado expresivo, pero bastante agradable en el maridaje. En definitiva otro sitio para marcar con un “me gusta” ya que nosotros no podemos repartir estrellas.

En Barbastro hemos aprendido que somontano significa a los pies de la montaña, que la calidad si está acompañada con la divulgación y la cultura se disfruta más y que los tomates en un restaurante no tienen por qué saber a plástico, sobre todo si es tomate rosa de Barbastro. Próxima parada Penedés.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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