Córdoba, comiendo en plata

Una de las ciudades con más encanto de nuestro país, también tiene una de las gastronomías más singulares. Platos con nombre propio, recetas que funden siglos de civilizaciones y que llegan a nuestra mesa cargadas de identidad y exquisito sabor.

Uno de los restaurantes emblemáticos de la ciudad es Sociedad de Plateros, un lugar fuera de los circuitos más turísticos, pero muy conocido por los habitantes de la ciudad. Cuando me recomendaron este sitio, lo hicieron con una frase rotunda: “Es donde comemos los cordobeses”, para diferenciarlo del típico sitio de turistas. Desde entonces llevo años visitándolo y creo que es merecedor de un artículo.

Sociedad de Pateros María Auxiliadora

Sociedad de Plateros María Auxiliadora

Bastante amplio, con una larga barra a la entrada, un salón muy espacioso y un patio en el fondo. Las paredes están llenas de historia y hay pequeñas estancias al rededor, donde está la bodega o mesas para comidas más intimas.

Su especialidad es el bacalao, pero también tienen en carta toda la cocina tradicional cordobesa, donde destacan platos como el salmorejo, el rabo de toro o los flamenquines.

En nuestra última visita, estábamos de paso por la ciudad, y no queríamos comer demasiado, por tanto, decidimos empezar con una ensalada de naranja, cebolla, bacalao y granada. Esta ensalada es muy típica de Andalucía, especialmente de la provincia de Córdoba y Granada, aunque puede comerse en más sitios, pero personalmente es donde más la he encontrado. Es una autentica delicia, llama la atención la cebolla, como se dulcifica con el zumo de naranja y le da el punto crujiente. Aunque en carta había un rabo de toro al oloroso, que tenía una pinta excelente, nos decantamos por las croquetas de rabo de toro y estaban realmente buenas.

 

Es difícil pasar por Córdoba y no pasear por la judería o en su defecto comer salmorejo. Por esta razón fue otro de los platos que pedimos, y no nos defraudó. Esta sopa fría de tomate basa su éxito en la calidad de los productos y la agricultura de provincia la da, especialmente el aceite, que cada día se posiciona mejor en los paneles de cata. Finalmente no podíamos irnos sin probar una de las especialidades, el bacalao, en esta ocasión lo elegimos dorado, al estilo portugués, pero con la singularidad cordobesa, sin patata y con bastante cebolla.

 

Un Pedro Ximénez de postre nos dejó dulce el paladar y el recuerdo. Marchándonos con la seguridad de que pronto volveremos, para estañar con la plata de esta Sociedad, el hueco que abre el apetito cada vez que pisamos esta antigua ciudad.

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Acerca de J. Fernando Buitrón Gijón

Sumiller, ingeniero industrial, formador y comunicador, divulgador en temas de sostenibilidad, arquero, aficionado a la fotografía y corredor ocasional.
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